En Wuhan, la ciudad donde se originó el contagio, la epidemia está "prácticamente controlada" y todo empieza, lentamente, a volver a la normalidad.

El coronavirus COVID-19 ya está en más de cien países, causando estragos en la economía y los sistemas de salud a nivel global, sin embargo esfuerzos de distintos gobiernos han dado frutos en el intento de contener esta emergencia internacional, y han llevado a que ya en Wuhan, la ciudad industrial donde se originó el contagio, se retorne de a poco a la normalidad.

El gobierno chino ha autorizado este miércoles a que empresas que producen bienes y servicios de primera necesidad, como compañías del sector médico, de servicios, alimentación o agrícolas, vuelvan a trabajar luego de que el número diario de contagios cayera drásticamente, lo que para su presidente  Xi Jinping significa que la epidemia está “prácticamente contenida”.

Durante casi mes y medio la ciudad de 11 millones de habitantes y las poblaciones aledañas ubicadas en la provincia de Hubei quedaron confinadas en cuarentena afectando el comercio no solo a nivel nacional sino de manera global. En esa zona se ubican gran cantidad de fábricas de productores de partes para automóviles.

Aunque el decreto del gobierno no aplica para empresas de “gran importancia en la cadena de producción nacional y mundial”, estas pueden pedir excepciones. La compañía japonesa Honda señaló en un comunicado que “algunos empleados” han vuelto a sus fábricas a trabajar en “la producción de un pequeño número de vehículos”.

Los transportes y el desplazamiento de los ciudadanos en la provincia también se “reanudarán progresivamente” según ha indicado el gobierno de Hubei, mientras todo empieza a volver a la normalidad. Pero, ¿qué buenas prácticas se pueden aprender de los gobiernos a los que mejor les ha ido en la lucha por controlar el virus (como el Chino)?

Lo primero que se debe entender es que la declaración de la Organización Mundial de la Salud que pone al COVID-19 como pandemia supone que la enfermedad epidémica ya se extiende en varios países del mundo de manera simultánea y que ahora los esfuerzos deben ser globales para intentar detener su rápida propagación.

A diferencia del SARS o el ébola, uno de los grandes problemas que se tienen actualmente alrededor del COVID-19 es que se transmite de persona a persona antes de que estas presenten síntomas y tiene un tiempo de incubación de 14 días, por lo que una persona podría tenerlo y transmitirlo antes de darse cuenta y sus síntomas son muy similares a los de un resfriado común.

Miguel A. Hernán, catedrático de Epidemiología de la Universidad de Harvard, y Santiago Moreno, jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital U. Ramón y Cajal, explicaron a El País de España que el objetivo actual ya no es prevenir que la gente se infecte, sino prevenir que se infecten demasiado rápido para que los sistemas de salud de los distintos países puedan afrontar y superar la emergencia sin llegar al punto del colapso.

Allí hay mucho que replicar en buenas prácticas y evitar en errores ya cometidos. Lo primero es que es importante no subestimar al virus, como hizo Italia en su momento. A día de hoy (12 de marzo) el país del sur de Europa es el que acumula mayor número de contagios -después de China- con 15.000 casos y 1.016 muertes.

Los italianos ahora están confinados, tras una decisión del primer ministro Giuseppe Conte, en una cuarentena que confina en sus casas a todo el país y que ha obligado al cierre de todos los negocios a excepción de supermercados, farmacias y algunos servicios públicos esenciales como los bancos, las aseguradoras, el servicio postal, los transportes públicos y de mercancías, las gasolineras y los quioscos, porque los diarios son considerados “una necesidad”.

Superar el pico de transmisión

Tomar medidas es vital para evitar un escenario similar en otros países y en ese sentido China y Corea del Sur han dado lecciones sobre lo que se debe hacer para evitar el contagio. El gigante asiático empieza a superar la crisis del virus que empezó en su país y que a pesar de todos sus esfuerzos no pudo ser controlada. “Al principio cometimos errores, reaccionamos con lentitud”, comenta el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Renmin de Pekín Chen Xiaohe a El País.

Pero ahora, que la Comisión Nacional de Salud de ese país ha declarado este jueves que se ha dejado atrás el pico de la epidemia tras más de 80.000 infectados y 3.100 muertes, según el académico “China debe ayudar a otros países, y cambiar nuestra imagen mediante nuestras acciones. Esa ayuda se debe ofrecer no solo a los que tengan buenas relaciones con nosotros, a los demás también. Porque tenemos experiencia y hemos aprendido lecciones”.


Por ejemplo una de las acciones acertadas de la llamada ‘fábrica del mundo’ puso en cuarentena toda Wuhan, una ciudad de más de 11 millones de personas, el 23 de enero cuando había apenas 571 casos confirmados -un número cercano al actual de casos en Reino Unido- para tratar de contener el contagio y disminuir los casos.

Además puso al servicio de las personas la tecnología como método para detener los contagios a través no solo del teletrabajo sino de un formulario web obligatorio que debían llenar todos los ciudadanos con sus datos diariamente, que a través de preguntas relacionadas a las posibilidades de contactos con el virus (haber viajado en los últimos 14 días; presentar síntomas de gripe) le daba un estado a cada persona sobre si debía o no consultar a un médico, quedarse en cuarentena o sencillamente acatar las recomendaciones del gobierno alrededor del virus para evitar ser contagiado.

Ese formulario digital también entregaba un “estado de calificación” con el que se catalogaba a una persona y que se debía mostrar en público al hacer actividades cotidianas. Así, por ejemplo, si una persona con altas posibilidades iba al supermercado o a un restaurante ese negocio debía llamar al servicio de emergencias para que fuese por la persona y la llevase a su casa a cumplir cuarentena.

Esa misma estrategia fue también utilizada en Corea del Sur que durante un tiempo alcanzó a ser el país con más infectados -después de China- y que ahora ya va de cuarto con 7.869 casos y 66 muertes confirmadas por el virus.

A través de una aplicación que mediante datos proporcinoados por cada persona calcula las posibilidades de tener coronavirus y permite hacer solicitudes de atención médica a domicilio solo en casos necesarios; el reducido contacto entre personas; y una amplia capacidad de realización de pruebas para confirmar el virus dispuesto por el gobierno coreano; el país ha logrado paliar la propagación del virus.

Acciones desde la industria

Los esfuerzos mancomunados desde todos los sectores de la sociedad ayudarán a salir lo más pronto posible de esta emergencia. Desde la industria hay decisiones que aunque puedan resultar difíciles a nivel económico deben ser tomadas por el bien común. En ese sentido incentivar en lo posible el teletrabajo es vital durante todo el tiempo que esté declarada la emergencia.

Los empleados que puedan trabajar desde sus casa evitarán contagiarse o infectar a personas sin quererlo. Además evitar viajes a países o zonas donde el virus esté más propagado también es una decisión sensata. Lavarse las manos aunque parezca un acto simple y sencillo es vital para detener al virus, por lo que se recomienda hacerlo constantemente.

Evitar las aglomeraciones de personas y las muestras expresivas de afecto al saludar -algo muy común en Latinoamérica- disminuirá de igual forma las posibilidades de contagio. La canciller alemana Angela Merkel, por ejemplo, ya ha empezado a no saludar de mano a políticos y personalidades y ha recomendar cambiar el apretón de manos por una mirada a los ojos con una sonrisa prolongada.

Afrontar las oportunidades y retos

Aunque el coronavirus ha traído grandes retos a nivel macroeconómico por la detención en las cadenas de suministros de China, la caída de la bolsa -que sumado a la guerra del petróleo- traen un vislumbro de posible recesión, enfrentarlos trae tanto desafíos como oportunidades.

El desabastecimiento en Latinoamérica de insumos médicos que usualmente son importados de China y países del sudeste asiático plantea posibilidades para las industrias de países como México. Por ejemplo en Colombia, donde hay actualmente al menos 9 casos confirmados de COVID-19, los tapabocas fueron declarados como “dispositivo médico vital no disponible” con el fin de facilitar su ingreso al país a través de importadores.

Si bien es importante aclarar que los tapabocas no previenen del contagio del virus a quien los usa sino su propagación por parte de quien está contagiado, sí es cierto que son un insumo importante sobre cuyo precio se ha especulado y se ha incrementado por lo que resulta vital su producción, sobre todo en tiempos de desabastecimiento por pánico infundamentado.

En ese sentido hay grandes oportunidades para México para convertirse en la “gran fábrica” del lado occidental del mundo dadas sus ventajas logísticas. La Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN) ha asegurado que “México cuenta con sus industriales para superar el desafío de salud pública que ha conmocionado al mundo y que ha extendido sus afectaciones a las esferas financiera, del mercado del petróleo, del tipo de cambio y las manufacturas”.


Por eso la CONCAMIN propone que desde la industria se tomen acciones y decisiones basadas en cinco ejes fundamentales, uno de ellos es la conformación de un Grupo de Alto Nivel entre el sector público, el privado, la academia y representantes de la sociedad para valorar el entorno de riesgo generado por el COVID-19 a nivel global y nacional.

Por ahora el COVID-19 seguirá un par de semanas en la realidad económica, política y empresarial del mundo, por lo que el retorno a la normalidad dependerá de los esfuerzos individuales mancomunados por el bien común.