La capacidad de los ingenieros civiles ha quedado en entre dicho a la hora de materializar grandes proyectos de construcción, a raíz de los episodios que registraron grandes obras civiles desplomadas o paralizadas en Colombia.

Son demasiadas, en pocos años, las grandes estructuras de la ingeniería colombiana que se han ido derrumbando. Al puente sobre la vía a Villavicencio se le pueden unir en menos de 5 años el edificio Space en Medellín (y la reestructuración y desalojamiento de al menos media docena más en la capital paisa y en Rionegro).

Además, el estadio de Neiva, que se derrumbó en plena construcción y los edificios de los ingenieros Quiroz en Cartagena, con la caída del Blas de Lezo y la inhabilitación de 16 estructuras más que han sido desocupadas o están siendo repotenciadas.

Para algunos miembros del gremio, la profesión no se puede convertir en el objetivo de una persecución mediática generalizada, ni se pueden emitir juicios anticipados ante colapsos estructurales que están siendo investigados.

 

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¿Qué opina la academia?

Por esto, la academia se cuestiona mucho sobre la calidad de la educación impartida a los ingenieros civiles y profesiones relacionadas.

Surgen preguntas como: ¿La calidad académica en ingeniería civil que tenemos en las instituciones de educación superior es solo de papel?, ¿los profesionales de ingeniería civil tienen en realidad los conocimientos y la calidad que deberían tener? y ¿los profesionales de ingeniería civil tienen hoy la capacidad científica y técnica para realizar obras públicas y privadas con la calidad y seguridad necesarias?

Luís Fernando Rodríguez Naranjo, rector de la Universidad Agraria de Colombia, hace un llamado a la academia para que el compromiso con la calidad educativa sea contundente por la responsabilidad social que esto implica.

La academia ha participado en algunas evaluaciones de obras y proyectos con problemas, por invitación de las autoridades, pero ha sido más una labor posterior de búsqueda de soluciones.

El mayor reto no está en hacer diagnósticos o lanzar juicios de valor, es velar porque las situaciones de corrupción y malas estructuraciones no sigan ocurriendo y ser absolutamente responsables en las decisiones que impliquen prevención, soluciones y evidentemente consecuencias a quienes fallen en su labor.