No hay recetas mágicas para reducir los costos de construcción, aunque sí es posible establecer algunos parámetros y prácticas extendidas que los expertos aconsejan seguir para lograr ese objetivo sin resentir la calidad final de la obra.

Antes que nada, use su sentido común, es decir, detecte aquellos rubros que tienen más peso en el presupuesto, para concentrar allí los esfuerzos.

Entonces, ¿es posible reducir costos?

La primera recomendación de los especialistas, es la programación de la obra como uno de los mecanismos básicos para bajar los costos, optimizar los tiempos y reaccionar a tiempo ante los imprevistos.

Es fundamental trazar un cronograma de la obra que, si bien no permite salvar los imponderables (lluvia, paros, ausencias), brinda un panorama de dónde se está parado. Y hay que tomarse el trabajo de actualizar mensualmente la programación de la obra para tenerla al día, el único modo de saber si uno va a poder cumplir realmente con lo que promete.

 

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También es importante que la planificación sea lo más realista posible: es contraproducente pretender niveles de rendimiento incompatibles con la realidad. Controlar el rendimiento de la mano de obra es otro factor clave para acotar los costos. Tradicionalmente, los salarios se llevan alrededor del 50 % de la inversión.

Por eso, la productividad de los obreros estará indefectiblemente bajo la lupa. En ese sentido, incorporar maquinaria y tecnología es otro de los consejos que apuntan los constructores, sobre todo en los ítems donde la estructura de costo gravita principalmente sobre los jornales.

El costo puede reducirse por abaratamiento de la mano de obra, materiales e instalaciones y también, mediante la suspensión de detalles, dentro de ciertos límites. Por ejemplo, si el propietario desea unos sanitarios de color y se pueden remplazar por unos blancos se obtendrá una apreciable rebaja en el costo y de la misma calidad.

En cambio, el costo de las cañerías y juegos de llaves no puede disminuirse sin prejuicio de su eficiencia. Buenos materiales y construcción sana también significan ahorro pues reducen gastos de mantenimiento y larga vida del edificio. Los términos costo y valor no siempre son sinónimos.

Fuente: ARQ Diario de Arquitectura.